Avisar de contenido inadecuado

¡Hasta siempre señor árbitro!

{
}

Así tituló uno de sus grandes cuentos Fontanarrosa, hablando de si debería existir o no la tecnología en las decisiones futbolísticas. Hoy y por octavos de final del Mundial, los dos partido se definieron categóricamente, en gran parte, gracias a groseros fallos arbitrales. ¿Qué hacemos señor Blatter, para cuando un nuevo sistema de referato?

Los 126.000 espectadores que concurrieron hoy al Soccer City Stadium y a Bloemfontein no pudieron dejar de apreciar que entre los protagonistas del espectáculo había significativas "ausencias". Y no se trataba, por cierto, de Ballack en Alemania, Beckham en Inglaterra, o Blanco y Verón en México y Argentina respectivamente; sino que lisa y llanamente lo que brilló por su "ausencia" este domingo fueron las ternas arbitrales (mejor hubiese sido que no estuviesen).

Prácticamente por espacio de un metro el disparo de Lampard traspasó la línea de cal entre los 3 palos, para decretar el 2 a 2 en el mejor momento inglés del clásico frente a Alemania. Ni Larrionda ni su lineman se mosquearon, y el imperdonable yerro no pasó desapercibido; si bien en el estadio no hubo repetición(ni falta hacía el ojo de halcón!), rápidamente los medios de comunicación pusieron al corriente de la situación a propios y extraños y el "buuhh" de los británicos acalló el rugir de las vuvuzelas. Como en 1966 pero esta vez en su contra, los ingleses lloraron la derrota, que luego fue clarísima con un Alemania contundente y de alto vuelo en cada contragolpe. El destino puso justicia 44 años después, cuando pagará Argentina sus merecidas penas, por ejemplo, de 1986 y 1990? ojalá nunca, o al menos no esta vez.

Y esta tarde una nueva injusticia se hizo eco de un partido de la selección albiceleste, cuando todos pensábamos en cambios urgente y con México dominando, el 1-0 argentino cambió para siempre el acontecer del match. Messi tomó un rebote asistiendo a un Tévez sólo (literalmente) frente al arco, en uno de los fuera de jugo más grandes de la historia del fútbol. Ese gol abrió la cuenta inmerecidamente, y la solidez del tri ya no fue la misma con una defensa en constante titubeo y "el conejo" Pérez cual arquero de los cebollitas tirándose para atrás con miedo al balón. Siguió siendo peligroso en ataque contra una defensa Argentina con la fiebre que le produce en este mundial Demichelis. Así fue merecedor de algo más, pero ese incomprensible fallo arbitral todo lo cambió, México a casa. Una acción incomprensible por parte de Rosseti y cia., que contó con la ayuda de las repeticiones que ni falta hacían, y la advertencia de su juez de línea pero demasiado tarde, cambiar el fallo era irreglamentario (o no), algo que no está estipulado entre las leyes. 

En 2006 un Mundial se definió producto de la expulsión de Zidane en una agresión que Elizondo no vio, y el 4to árbitro lo avivó gracias a las pantallas gigantes. Hoy 4 años después el lineman advirtió a Rosseti, pero el colegiado hizo caso omiso a la tecnología. Hace unas horas, como remarcamos, se le negó a Inglaterra un gol que se vio desde Gran Bretaña ida y vuelta, y que una consulta de 5 segundos a una pantalla hubiese puesto el marcador en su justo punto. En estos casos extremos cada uno toma la decisión que le viene en gana y todo dependiendo de las instalaciones del estadio y del pensar de la terna arbitral, increíble en el año 2010. Todo esto trae a un cambio radical pero lógico, las manos casuales o intencionales querrán ser revisadas en cada ocasión, y por eso el reglamento debería reescribirse con el agregado pertinente con total claridad. Quizá sea momento de poner la tecnología sólo al servicio de las jugadas in extremis tales como un gol, y evidentes a la vista del espectador, claro que todo esto traerá polémica constante pero seguramente le sacará tiza a una maraña de errores que deciden injustamente el desenlace de las competiciones más inhóspitas y relevantes del fútbol mundial.

Hace unos cuantos años Fontanarrosa concluyó en que tanto como la tecnología puede y debe avanzar en vista al fútbol, el problema recala en que las protestas de los espectadores pueden progresar mucho también, demostrado en el cuento que termina con un proyectil misilístico que destruye el centro de control tecnológico arbitral tras una decisiones que con cámaras y todo no conformaron al corazón de las hinchadas y destrozaron el proyecto.

Argentina y Alemania en carrera, Rosseti y Larriond... hasta siempre!!! hasta nunca!!!

Se nos viene encima un choque histórico y la mismísima llave para los dirigidos por Maradona, esperemos con un resultado distinto!  Y claro con tanto que nombramos al maestro rosarino, no dejen de leer el cuento:

Cuentos e historias  
¡Hasta siempre, señor árbitro!

Los 73.000 espectadores que concurrieron el 15 de enero de 1988 al Duisburg Stadium de Oberhausen no pudieron dejar de apreciar que entre los protagonistas del espectáculo había significativas ausencias.
Y no se trataba, por cierto, de que el Ruhr 214 no alistara entre sus filas a Hans “Caperucita” Gfrörer, o bien que entre los fervorosos “barqueros” del Postfach no estuviese Fritz, “El talabartero” Kiepenheuer. Lisa y llanamente, lo que brillaba por su ausencia aquella tarde en el Duisburg Stadium era el terceto arbitral. De cualquier forma, no era una sorpresa para el público, dado que, la “Effektivaterien Ballönem Helveticen” había anunciado el match como una prueba piloto de un nuevo sistema de “referato a distancia”. Efectivamente, a escasos cien metros del coqueto estadio de Oberhausen, los concurrentes podían advertir una misteriosa construcción de cemento, de forma tubular, que alcanzaba la respetable altura de 75 metros. Esta torre no presentaba ventana alguna, y más podía confundirse con un monumento moderno, o con alguna reminiscencia emblemática de la majestuosidad nazi que con lo que verdaderamente era: la central computarizada de control desde donde se dirigiría el encuentro. Los curiosos asistentes al match tampoco podían adivinar que, bajo sus pies, una intrincada maraña de cables, sensores electrónicos, filamentos inalámbricos y terminales computadorizadas, unían el estadio propiamente dicho con la torre de referato.

Dentro de la torre, a una altura de 50 metros sobre el nivel del piso, se encuentra la nave central, a la cual se accede mediante el servicio de tres elevadores, uno para el árbitro y los restantes para ambos jueces de línea. Quien entra allí, a ese vasto recinto privado de luz natural y arrullado por el permanente murmullo de los acondicionadores de aire, podrá pensar que se halla en alguna de las centrales de control de vuelo de la NASA, o bien que ha caído en el vientre mismo del Nautilus, el legendario sumergible del capitán Nemo.
Cientoveintisiete pantallas de televisión, prolijamente alineadas, emiten su mensaje, desde las paredes levemente curvadas del salón. En frente de ellas, en medio de ellas, tres hombres, tres profesionales en el difícil arte del referato futbolístico, recepcionan hasta el más mínimo detalle de cuanto ocurre sobre el campo de juego. Allí, alejados de la gritería ensordecedora de la trubamulta, ajenos a la indudable presión que configura el hostigamiento de los partidarios, los colegiados pueden dirigir, asépticamente, el encuentro.
El sistema, costoso hasta el momento, simplifica notablemente la tarea del árbitro y ha reducido en forma sensible los disturbios en los campos de juego. El juez, fría su mente, gozando del privilegio de beber su marca de cerveza preferida en tanto vigila a los 22 jugadores, cuenta, entonces, con la inestimable ayuda de mil ojos electrónicos que complementan los suyos. En cuanto detecta una infracción, oprime un botón y un silbato estridente se escucha a unos cien metros más allá, en todo el estadio. Si la jugada no ha sido clara o si la infracción es dudosa, el colegiado cuenta con otro valioso recurso para calmar y convencer, en forma palmaria, al bando que se considera perjudicado: con otro simple botón desplegará sobre las dos inmensas pantallas electrónicas colocadas en ambas cabeceras del estadio, la escena repetida, con detención de imagen y ampliación de los ángulos necesarios para refrendar con sólidas razones la penalidad adoptada. Cualquiera podría suponer que esa maniobra requeriría dos o tres minutos en concretarse, con el consiguiente retraso y ruptura del ritmo del partido. Pero no es así, ya que la memoria computarizada seleccionará entre los centenares de enfoques de la misma acción, las cuatro o cinco que considere más gráficas y contundentes, brindando al juez, en una fracción de segundo, la posibilidad de poner frente al público las que juzgue más válidas. Todo esto, sin que la máxima autoridad del match sufra el reproche de los jugadores ni sus estentóreos reclamos.
Más simple aun, para el nuevo sistema de referato, es eliminar cuanta duda pueda presentarse respecto de balones fuera de juego, balones ingresados o no tras la línea de la portería, o bien, incluso, ante la siempre controvertida “Ley del Offside”. Un sistema televisivo tipo “Fotochart” turfístico, elimina cualquier clase de duda, ya que el ojo eléctrico que patrulla la línea del último defensor captará, precisaráy denunciará a quien reciba el balón en posición prohibida. En los casos de un discutido hand, por ejemplo, donde ni siquiera la visión televisiva puede dictaminar en un ciento por ciento el contacto del balón con la mano del defensor, también la insospechable computación vendrá en auxilio del señor árbitro, puesto que las pantallas mostrarán la acción, agregando un luminoso pespunte verde Nilo de coordenadas y flechas indicatorias que avalan la posibilidad o la imposibilidad, de que dicho contacto haya tenido lugar.

De cualquier manera, el revolucionario sistema, llamado provisoriamente A.U.P. (Arbipeissal Und Perspektiven) admite también el encanto de la controversia. Nadie puede negar el importante condimento que significa para el partidario del fútbol la discusión en la oficina, durante toda la semana, sobre si tal o cual fallo estuvo acertadamente tomado. Y no puede, tampoco, quitársele al aficionado común la posibilidad de exorcizar sus frustraciones y respresiones domésticas, denostando la figura del colegiado. Así ha sido siempre y lo seguirá siendo, aunque en menor medida con el nuevo sistema, que también deja, sabiamente, resquicios para la discusión.
En algunos casos, muy puntuales, el poder de decisión quedará en manos del clásico y consabido criterio personal del árbitro. Allí, como siempre la falibilidad humana seguirá alimentando el intercambio de opiniones. Se dará, por ejemplo, con la inefable “Ley de la ventaja”. No habrá computadora, entonces, que ayude a dictaminar a su referí si tal o cual jugador cometió una infracción adrede o sin quererlo, como tampoco contará el árbitro con ayuda tecnológica para decidir si el delantero que se proyectaba solo hacia el gol ha de caer definitivamente o podrá continuar con su carrera, luego del golpe que intentara derribarlo. La misma incógnita deberá enfrentar el colegiado cuando deba determinar, sin respaldo científico alguno, cuándo una “mano” dentro del área, es intencional o casual, ya que no hay todavía, por fortuna, computadora alguna que esté conectada con el cerebro mismo de los futbolistas. Se podrán repetir, entonces, protestas o abucheos del público, pero ya nunca de la magnitud de la ocurrida en torno al acordado árbitro internacional belga, Henri Degrelle (+).
Justamente en virtud de este suceso, la FIFA aceleró los estudios y puesta en práctica del sistema A.U.P. De todos modos, ese grado de controversia, ese resquicio de humana posibilidad de error ha sido minuciosamente estudiado por los sicólogos que trabajaron en el proyecto para no revestir al más popular de los deportes de un halo tecnocrático que le reste espontaneísmo y creatividad. Así será, entonces, que los seguidores partidarios de los conjuntos podrán continuar exteriorizando sus quejas como siempre, como en todas las épocas, a pesar de que, también en ese orden, se han detectado indicios inquietantes. En efecto, desde el 17 de junio último, un adelanto significativo se puso de manifiesto en el campo de la protesta partidaria, en ocasión de llevarse a cabo el clásico encuentro entre el Benelux-Gotha de Mons y el Astipalaia, de Grecia. Tras un discutido fallo del colegiado sueco Gustavo Skelleftea, un proyectil misilístico del tipo M-L7, versión soviética de segunda generación, impactó y redujo a polvo la torre de control de referato. Se piensa que el proyectil fue accionado por un fanático del Astipalaia, mediante un propulsor personal, desde atrás del arco norte del estadio, distante casi unos 250 metros de la sólida construcción tubular, aún hoy hecha escombros. “Ellos también han progresado mucho”, sólo atinó a decir, Gerd Walde titular del Consejo Arbitral Germano y propulsor del sistema A.U.P., a título de conformista comentario.

(+) Referencia a los disturbios ocurridos en el match del 23 de marzo de 1978, en oportunidad de enfrentarse el Maat-Riebe vs. el EDV-14/N y que finalizaron con la quema total de la bella ciudad de Nachdruck.
 Volver
La columna tecnológica. Fútbol y ciencia

{
}
{
}

Comentarios ¡Hasta siempre señor árbitro!

Gran cuento del rosarino! Lo de siempre, si no hay polémica, si no hay debate, si no hay duda (por ejemplo las dudas arbitrales) no se podría sostener la gran cantidad de horas televisivas que se le dedica al fútbol. Por ejemplo, Estudio Fútbol, donde varios viejos gordos con voz ronca hablan de fútbol cuatro horas por día cinco veces a la semana. Hay un fallo polémico en un Boca-River, y al día siguiente tiene más tela para cortar Olé, América Noticias, y todo el mundo. Ante un error arbitral grosero voy a poner a Pagani o a algún otro de esos viejos a ver qué dicen y piensan, porque estoy indignado o contento. Recordemos el caso del Velez campeón frente al Huracán de Cappa; se triplicó el rating con el de bigote llorando (justamente) en todos los medios, por la terrible falta no sancionada que le dio el título a los de Liniers. Por eso momentáneamente no van a avalar la tecnología en el fútbol. No le conviene a nadie.
Frodo Frodo 28/06/2010 a las 04:55

Deja tu comentario ¡Hasta siempre señor árbitro!

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre